Congresos y muestras reivindican la vilipendiada figura de la primera soberana total, no consorte, que tejió su red de poder con las mismas armas que los varones y falleció dando a luz a la hija de su concubino
“¡Oh maldad! Nada respeta, de nada se avergüenza una mente llena de pestífero veneno, no rehuye nada abominable”. El clérigo francés Giraldo de Beauvais se despachaba a gusto contra la reina Urraca (1081-1126) en la Historia Compostelana, esa obra colectiva del siglo XII dedicada a narrar las hazañas del, también poderoso, primer arzobispo de Santiago, Diego Gelmírez. El jefe eclesiástico y la soberana mantuvieron una tensa relación por puro interés político y de dominio territorial. En ese tira y afloja con el arzobispo por el control en Galicia, la monarca llegó a padecer en sus carnes un amotinamiento ciudadano…